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Carolina Herrera Habla de sus comienzos como diseñadora

Con 30 años marcando la pauta en las pasarelas del mundo, la insigne diseñadora de modas venezolana, Carolina Herrera, dio una entrevista a la revista Harper’s Bazaar en la que relata sus comienzos en el mundo del fashion y algunas de las personalidades más importantes de la historia con las que tuvo contacto a lo largo de su trayectoria profesional.

Autodenominándose como una “costurera”, a sus 72 años cuenta con un tesoro acumulado de recuerdos con celebridades con las que ha tenido contacto desde sus días de juerga en la Nueva York de la década de los 70, con su epicentro en Studio 54, la legendaria disco donde se codeó con artistas como Andy Warhol o el excéntrico fotógrafo Robert Mapplethorpe.

Con el elogio de muchos famosos como Lynn Wyatt o su gran amigo Calvin Klein, la trayectoria de Carolina Herrera sigue en franco ascenso.
En sus comienzos, narra las dificultades que tuvo durante su primera exhibición de su trabajo en las pasarelas en un desfile en 1981: “Era un manicomio. Teníamos música en vivo, un pianista tocando canciones de Cole Porter. Pensé que todo estaba divino, pero habían demasiados problemas. Algunos maquillajes de las modelos no estaban siquiera acabados. El dobladillo de Iman no estaba hecho, así que tuvimos que usar alfileres pero al final ella estaba feliz de trabajar con ellos, y se veía fabulosa”.

Ese fue el comienzo de su meteórica carrera, que poco a poco se consagró con clientes de la talla de Jackelin Kennedy Onassis. “Cuando comencé, ella vino a mí, y la vestí un montón durante sus últimos años. Fue divertido tenerla y fue una gran inspiración. Ella era tan natural y sabía exactamente qué quería y qué se veía bien en ella… Jackie tenía un gran sentido de la historia y de las responsablidad por quién y qué era. Ella dijo ‘soy nada. Él era el presidente. Yo sólo era la primera dama, así que no tenía nada que decir”.

Una vez abiertas las puertas del jet set neoyorquino, las historias memorables con sus amistades célebres salen a flote, en especial en la época dorada de la época disco cuando comenzaba a celebrar sus primeros triunfos en la vocación que la hizo legendaria.

“Andy [Warhol] y yo solíamos vernos todo el tiempo con Bianca [Jagger] en ese entonces. Cuando él hizo mi retrato, fui a su estudio, y él tomó 40 o 60 fotos instantáneas con una Polaroid… Él era callado, pero decía algunas claves e una manera muy chistosa. Andy se veía que era muy tímido, pero le gustaba ser muy exitoso. Recuerdo cuando él quiso ser modelo de pasarela. Hizo su audición en un show de Halston. Bianca y yo estábamos en la audiencia, y cuando Andy desfiló y nos vió, en vez de regresar al backstage se detuvo y nos dijo ‘Hola’ a todos. Y ése fue el final de eso”, ralató.

Nacida en una familia privilegiada, siempre supo tratar con la crème de la crème. Desde niña trató con la aristocracia venezolana gracias a su padre, piloto y gobernador de Caracas; y a su madre, con quien llegó a visitar los ateliers más renombrados de París. Pero es notorio saber que sus grandes mentores en el buen gusto en el vestir no fueron sus padres, sino las personas que trató diariamente durante años en su educación: su instructor de equitación, su mayordomo a cargo de los caballos y hasta su proesor de tenis.

“Ellos fueron mis mentores porque estaba mas interesada en esa vida que en la moda”, dijo agregando “No les voy a decir que me la pasaba haciendo vestidos para muñecas, porque no fue así”, comentó.

Casada desde muy joven y teniendo sus dos hijas, Mercedes y Ana Luisa; su vida dio un giro cuando poco después tuvo sus segundas nupcias en 1968 con Reinaldo Herrera, su amigo de la infancia y maestro socialité, quien le abrió las puertas a todo un mundo de glamour y esplendor que trascendió las fronteras.

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